La obra de Guillermo Pérez Villalta es inclasificable, impredecible y atemporal. En su pintura integra historia y vanguardia, referencias a la alta y baja cultura, a la tierra y paisaje que le rodea, a sus recuerdos, a sus costumbres… Toda una polifonía que evoca los orígenes posmodernos del artista y que en la actualidad manifiesta un sentido holístico, integrador y transversal del conocimiento y de la historia. Es un artista que cuestiona las verdades establecidas y que desmonta el dogma de las ideologías a través de un lenguaje más que ecléctico, polimórfico, como a él le gusta decir. Para el proyecto Verbum et Imago, Guillermo creó una serie de siete piezas en las que se integran imagen y texto, dando lugar a una promiscuidad entre escritura y dibujo que al cabo disloca siempre los cuerpos, creando monstruos como los de las capitulares de Erté, o los de la propia teoría... Porque la obra de arte es un minotauro, mitad imagen, mitad palabras, según sospechara ya H. Rosenberg. Jabès señaló ante la intimidad de ambas prácticas nocturnas cómo el escritor y el pintor se separan con el primer rayo de sol, con lo más tenue. Cuando el verbo se hace carne -o la palabra imagen- para habitar entre nosotros.